{"id":11217,"date":"2021-10-22T21:26:00","date_gmt":"2021-10-22T20:26:00","guid":{"rendered":"https:\/\/musicosophia.org\/es\/?p=11217"},"modified":"2025-09-08T21:34:48","modified_gmt":"2025-09-08T20:34:48","slug":"memorias-de-un-hombre-desarraigado-carmen-por-george-balan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/musicosophia.org\/es\/memorias-de-un-hombre-desarraigado-carmen-por-george-balan\/","title":{"rendered":"Memorias de un hombre desarraigado: Carmen. Por George Balan"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><strong>Memorias de un hombre desarraigado. Carmen<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><strong>Por George Balan<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Es la \u00fanica creaci\u00f3n musical por la que he mantenido un inter\u00e9s constante y apasionado desde mi juventud hasta la vejez. Por razones objetivas, porque es una obra maestra \u00fanica, no tocada por los tab\u00faes de la \u00e9poca. Pero tambi\u00e9n hay una motivaci\u00f3n subjetiva, m\u00e1s bien personal, a nivel existencial. En este sentido, puede decirse que mi relaci\u00f3n con esta obra ni siquiera es un recuerdo, sino una realidad \u00edntima e incesantemente presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que sigue es s\u00f3lo ostensiblemente un retrato o una narraci\u00f3n musical: es el enigma con el que me encontr\u00e9 en la ma\u00f1ana de mi vida. Si evoco la obra de Georges Bizet (1838-1875) no lo hago por inter\u00e9s profesional, sino porque a trav\u00e9s de ella encontr\u00e9 mi prop\u00f3sito en la vida. C\u00f3mo fue esto posible lo descubrir\u00e1s esperando un poco.<\/p>\n\n\n\n<p>La conoc\u00ed de adolescente, cuando ten\u00eda 15 a\u00f1os. Estaba algo familiarizado con los cl\u00e1sicos de la m\u00fasica gracias a la pr\u00e1ctica temprana del piano. Sin embargo, prefer\u00eda la condici\u00f3n de oyente, que ya entonces me tomaba muy en serio, lo cual era una forma de precocidad. \u00bfNo es el oyente el verdadero destinatario de la creaci\u00f3n musical? Debe demostrar que es digno de este papel. Yo escuchaba instintivamente, casi religiosamente. Con la intuici\u00f3n de este destino, pas\u00e9 las horas m\u00e1s hermosas de mi tiempo musical escuchando emisiones de radio.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque me hab\u00edan familiarizado con innumerables arias, a\u00fan no me hab\u00edan dado la oportunidad de un encuentro con la \u00f3pera de Bizet. Tuve que ir al Teatro de la \u00d3pera de Bucarest para descubrir esta belleza sin igual y ver una \u00f3pera por primera vez. Estudiaba en el Colegio Nacional \u201cCarol I\u201d de Craiova, cuyo auditorio era tambi\u00e9n el teatro de la ciudad. As\u00ed pues, el drama musical de Bizet se represent\u00f3 en el podio donde se entregaban los premios anuales. En el mismo escenario pudimos ver y escuchar a George Enescu poco despu\u00e9s de la actuaci\u00f3n de <em>Carmen<\/em>, tocando la <em>Sonata Kreutzer<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran tiempos de guerra. Esa guerra, cuyas terribles escenas ve\u00eda semanalmente en los noticiarios de cine, contribuy\u00f3 sustancialmente a mi maduraci\u00f3n psicol\u00f3gica. En pocos meses, las sirenas anunciaban los bombardeos a\u00e9reos: uno por la ma\u00f1ana, otro en plena noche, con refugios improvisados en albergues o en los campos de los alrededores, donde dos veces vi la muerte con mis propios ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed est\u00e1 la noche del espect\u00e1culo. Era la primera vez que ve\u00eda una orquesta sinf\u00f3nica. En el foso, los m\u00fasicos afinaban sus instrumentos. Hasta que apareci\u00f3 el director de orquesta y desat\u00f3 una tormenta de aplausos. Unos segundos de silencio y la m\u00fasica era electrizante. La obertura comenz\u00f3 con una explosi\u00f3n, con esa frase sonora que anuncia la aparici\u00f3n del torero. Sent\u00ed una descarga como si un rayo hubiera atravesado toda mi columna vertebral. Una sensaci\u00f3n que no se repetir\u00eda en el resto de mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La joya mel\u00f3dica de toda la obra fue la <em>Habanera<\/em>, por la que Carmen hace su aparici\u00f3n entre civiles y soldados. Son extremadamente raras las canciones que han alcanzado tal popularidad. Incluso sin comprender las palabras, los sonidos expresaban sensualidad. Todav\u00eda inocente, s\u00f3lo percib\u00eda el irresistible encanto mel\u00f3dico. Despu\u00e9s vino la <em>Seguidilla<\/em>, con su ritmo provocador, que dio el golpe de gracia al vulnerable Don Jos\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Me fascin\u00f3 tambi\u00e9n la entrada triunfal del torero con su famosa aria de macho invencible, una de las m\u00e1s conocidas del planeta, poco apreciada por el propio compositor. Y finalmente, el estremecedor desenlace con la desesperaci\u00f3n asesina de un Don Jos\u00e9 ca\u00eddo en desgracia y la victoria fatal de Carmencita, que se mantuvo fiel a su nuevo amante a costa de su vida. Me asombr\u00f3 la espectacular superposici\u00f3n de dos planos antag\u00f3nicos: el triunfo del torero aclamado con j\u00fabilo entre bambalinas y, al mismo tiempo, el gesto asesino de Don Jos\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a casa perturbado, sin saber por qu\u00e9. Entre un Don Jos\u00e9 sentimental y d\u00e9bil, convertido repentinamente en asesino, y Don Escamillo, el torero seguro y triunfante, se alzaba la figura apasionadamente tr\u00e1gica de Carmencita, prefiguraci\u00f3n del esp\u00edritu femenino absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p>Su <em>Habanera<\/em> me exalt\u00f3 hasta el \u00e9xtasis, aunque el significado de las palabras se me escapara. Incluso si hubiera sabido que se trataba de la libertad absoluta del amor, no lo habr\u00eda entendido a esa edad. Pero como melod\u00eda pura era hipnotizante, y yo experiment\u00e9 ese efecto al m\u00e1ximo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasar\u00edan cuatro a\u00f1os antes de que la vida desentra\u00f1ara el misterio de aquella experiencia ins\u00f3lita. Durante ese tiempo hice todo lo posible por reencontrarme con la obra. Escuchaba transmisiones de radio por si ofrec\u00edan fragmentos de <em>Carmen<\/em>, pero casi nunca ocurr\u00eda. S\u00f3lo una vez se retransmiti\u00f3 \u00edntegramente y fue mal recibida.<\/p>\n\n\n\n<p>En la v\u00edspera de mi cumplea\u00f1os 17 tom\u00e9 la decisi\u00f3n m\u00e1s valiente de mi vida: con mis peque\u00f1os ahorros viaj\u00e9 solo en tren a Bucarest para asistir a todas las representaciones de la \u00d3pera durante dos semanas. Me hosped\u00e9 con mi hermana, que viv\u00eda all\u00ed. Vi muchas representaciones que se convirtieron en la base de mi cultura oper\u00edstica, pero Carmen no estaba en el programa.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, descubr\u00ed muchas cosas nuevas. Y en mi \u00faltimo a\u00f1o de instituto, gracias a la biblioteca, conoc\u00ed tambi\u00e9n a Nietzsche, quien hab\u00eda escuchado <em>Carmen<\/em> al menos 20 veces. A trav\u00e9s de ella, se liber\u00f3 de su pasi\u00f3n por Wagner, descubriendo en Bizet la naturalidad humana frente a la pesadez psicol\u00f3gica del alem\u00e1n. Nietzsche proclam\u00f3: \u201cHay que mediterranizar la m\u00fasica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n me inspir\u00f3 a m\u00ed, reci\u00e9n graduado, cuando part\u00ed a Bucarest no s\u00f3lo para mis estudios, sino en busca de Carmencita, la obra que hab\u00eda iluminado mi adolescencia. Las consecuencias iban a superar todas mis expectativas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es la \u00fanica creaci\u00f3n musical por la que he mantenido un inter\u00e9s constante y apasionado desde mi juventud hasta la vejez. 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